lunes, 6 de febrero de 2012

UN VAMPIRO EN MIS GERANIOS



Abrí el balcón para regar las plantas, reparando en unos ojos rojos y diminutos contenidos en una sombra. Acostumbrando la vista a la oscuridad (tiempos de crisis, recorte de alumbrado público), discerní un murciélago chiquitito entre mis geranios.

Entra, le dije (demasiadas películas de vampiros), juro que aquellos ojos me miraron y diría que perplejos si se le puede atribuir esa cualidad a los ojos de un murciélago, tengo mis dudas. Aparté la vista para arrancar unas hojas secas de otra maceta y aquellos ojos ya no estaban.

Dentro, tirada en el sofá, encendí un cigarillo, apurando las caladas como quien apura bocanadas de orgasmo.


Fumadora, perfecto, uno de los placeres que añoro, tu sangre me sabrá a gloria.


Volví la vista a la esquina y el murciélago de ojos rojos mutó en un vampiro alto, moreno, agitanado, de ojos verdes con vetas de rojo.


Podías gritar, correr para que te persiga, tratar de huir en vano, pero al menos inténtalo ¡coño!,¡sorpréndete, qué se yo…y encima te ríes!, ¿seguro que eso es un cigarro?, yo de drogas paso.


Debería decirte que sí para que te vayas, ya que te invité a entrar, tendré también que invitarte a algo y ambos sabemos lo que bebes.


¿Ah, sí?, ¿ya está?, ves un vampiro materializarse en tu salón y ¿no tienes nada que preguntarme?.


¿Cómo te llamas?


Federico, no es mi verdadero nombre, ése ya no lo recuerdo. Leí a Lorca , se metió bajo mi piel y preferí arrancarme el nombre.


¿Sabes cómo malvivo?, le pregunté, soy escritora y mis ficciones chupan lo que queda de mi sangre , la que no se lleva el banco, todas las noches, el resto la derramo en los versos, que van directos al cuello, como los de Lorca, por ejemplo, algunos litros los malgasto en quimeras, otros los comparto en transfusiones recíprocas con mis colegas de la pluma y las pasiones de tinta. ¿Quieres la que queda?, poso agrio, no vale la pena.


Voy a tomarme un chupito con tu vecina, vuelvo volando, ¿me leerás algo?.


Puede que hasta te escriba una historia.


 
Susana Del Llano