lunes, 24 de septiembre de 2018

DEL FONDO según EDDY WHOPPER



VEN Y MIRA

(Sobre Del Fondo, de Vicente Muñoz Álvarez y Andrés Casciani)

En el Apocalipsis o Libro de las Revelaciones, Juan describe, con las armas de la metáfora y el ojo de la lucidez frente a lo aún no dado, el momento en que el Cordero le enseña el advenimiento del Fin, su ejecución y su estructura. “Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos –narra el comienzo de Ap. 6:1- y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir, como con voz de trueno: ven y mira”.

“Ven, Casciani, y mira”, invita Muñoz Álvarez; y luego ambos, nuevamente, a lo múltiple: Vengan, y Miren. La sangre está hecha de la materia del Infierno; hay una totalidad de oscuridad laberíntica debajo de lo total, que cuestiona lo homogéneo del vacío; allí la luz no nos es deparada más que como engaño; la materia y la forma son simulacros que concede al tiempo –Borges tenía razón- la dinámica del horror.

Del Fondo ofrece, por un lado, una enunciación onírica, lisérgica, producto –en cualquier caso- de una máquina enloquecida libre de límites que, como el sueño de Juan, pone en acto una peripecia posible en el terreno de la imaginación desbocada; y que se nutre, sin embargo, de los andariveles finitos de la propia naturaleza humana. Y por otro, un reconocimiento avasallante: el “giro del infortunio” que es, a la vez, su anatomía.

Muñoz Álvarez, aquí, convalida y a la vez deyecta –y despoja de toda jerarquía- los cientos de especulaciones acerca de la responsabilidad que deviene del hecho de ser libre. Si la vida es también el fuego y la sangre es la concreción de esa energía, participamos de la esencia del Infierno, que es fuego y energía. El Marqués de Sade, en alguna medida, ya le había propinado al mundo la primera herida intelectual en este sentido, fruto de la observación: la Humanidad entera como praxis de una comunidad de libertinos, y no más bien de virtud.

Así también, Del Fondo abre la evidencia del espanto cercano, al alcance del lector. Ensaya una vuelta de tuerca a la propuesta surrealista de una tercera posición distinta de la razón y de su negación, de modo tal que veremos emerger y retozar, ebrios de protoplasma, el predominio de las de-formas, de las negruras iridiscentes, la desorientación esencial, la incertidumbre, lo repentino, la acumulación forestada de dura materia arbitraria, la debacle; la relativización, declinación y exterminio de la tranquilidad que deviene de la percepción desnuda y de la coherencia consensuada.

En este sentido, la libertad campea como detonante de la conducción por el Averno y el encuentro de los límites de lo demasiado humano: con Nietzsche y tantos otros, en Del Fondo se afirma, velada por el miedo, la muerte de Dios. El mundo y las condiciones de posibilidad de la dicha nos han sido dados; hemos abandonado el camino y Dios nos ha abandonado también: el efecto es el mismo que si estuviera muerto. Ahí estamos, entonces, los libres que hemos elegido: mera forma (no importa cuál), energía, volumen, estado. La libertad, cercada por lo humano. El sueño de una razón que consolida y cristaliza su producción de monstruos. Y nos reconduce a una responsabilidad esencial, a una culpabilidad liminar: “La percepción de los objetos / se debe al reflejo / de nuestras conciencias / sobre las cosas tangibles”. Somos, en el más descarnado sentido.

Convocado por el poema de Vicente Muñoz Álvarez, Andrés Casciani aporta la lírica de la mirada plástica sensible, guiado, como un caminante más de esas profundidades, por la certeza volcánica de que hemos construido nuestro propio Apocalipsis. Como Juan, el de la Revelación, Casciani ha mirado, y nos lo muestra. Oscuridades esenciales y luego tan degradadas como quienes protagonizan e interpelan la obra, blancos que detonan la evocación de un pasado en el que la involución germinaba al calor de la libertad, grises devaluados que potencian el horror, oquedades insondables. Construcción, hoja a hoja, de un espacio opresivo y a la vez total. Un arte sumamente enlazado con las esencias propuestas por el texto, granítico frente a las cosas y viscosamente flexible, acuarelado, rítmico y encarnado en el menudeo de las almas y de los monstruos que la constituyen.

Andrés Casciani, en abierto compromiso y fusión anímica con el texto, expone y alterna universos desmadrados de angustia y de rebelión con evoluciones figurativas desde y hacia la abstracción que funden, finalmente, en lo negro. Es decir: en esa posibilidad de que todas las esencias confluyan en la naturaleza del Mal. Casciani es, aquí también, ejecutor y víctima de la misma condición que la obra propone y quizás denuncie. Es la daga que abre los tejidos y que luego se vuelve contra sí, en apocalipsis total.

Párrafo aparte merece la excelente edición de Vinalia Trippers, confeccionada en papel de ilustración, guardas de alto gramaje y cubiertas flexibles, todo lo cual configura el soporte idóneo para las reproducciones, que respetan la obra pictórica –cada página es un hecho plástico- a punto de generar la sensación de extenderse hacia un infinito planteado más allá de los márgenes.

En definitiva, una masterpiece de extrema contundencia e impar belleza; un evento artístico con vocación de permanencia que excita los sentidos y el entendimiento; un zarandeo inesperado que alborota los mares yermos de la rutina intelectual.

Así es que Ven, lector, y mira.


Eddy Whopper

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Vicente Muñoz Álvarez & Andrés Casciani
DEL FONDO
(Producciones Vinalia Trippers, 2018)

Información y pedidos:

España: vicentevinalia@hotmail.com

Argentina: andrescasciani@gmail.com

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